Cultura

El momento luminoso de Erly Almanza

De niño, a Erly Almanza Torres le gustaba dibujar el perro que aparecía en Coquito, el viejo libro con el que millones de niños aprendieron a leer. Empezó a realizar trazos precisos del rostro del perro en la carátula de sus cuadernos. Había nacido en Arequipa, pero sus padres lo llevaron a vivir a Ayaviri – Puno.

Recién a los trece años, cuando regresó a su ciudad para estudiar la secundaria en el colegio San Juan Bautista, tuvo su primer encuentro verdadero con la pintura.

Su tío Aníbal Torres, músico talentoso, lo llevó a casa de su amigo Nicolás Rodolfo, quien se convirtió en el primer profesor de pintura de Erly Almanza.

Todos los sábados aprendía alguna técnica y su maestro ponía a prueba su talento. Así pasó su adolescencia, entre pinceles y pelotas de básquet.

Erly Almanza, artista plástico.

Almanza integró la selección de su colegio. Al terminar la escuela, no le fue complicado elegir la carrera que quería seguir. Ingresó a la Escuela de Artes de la Universidad Nacional de San Agustín (UNSA). Desde entonces no paró hasta afianzarse como uno de los artistas arequipeños más importantes de estos días.

Empezó a vender sus pinturas cuando aún era estudiante de arte. Lo invitaron a participar en la Noche de Arte de Lima, la feria de artes plásticas más importante del país. Recuerda que su primera pintura la vendió a cincuenta dólares.

“Todavía era universitario y me parecía un buen precio”, dice.

Los organizadores de la exposición lo volvieron a invitar al año siguiente, pero le hicieron una sugerencia: aumenta el precio de tus obras. En el 2016, Erly Almanza vendió una de las pinturas más caras de la Noche de Arte. Pagaron más de dos mil dólares.

Sus padres –dice– recién empezaron a tomar en serio su profesión cuando vieron que sus pinturas eran cotizadas.

Antes creían que solo era un pasatiempo y que su hijo pronto encontraría un trabajo.

“El arte es como cualquier profesión, si le pones todo el empeño puedes vivir cómodamente de él. Lo que pasa es que hay muchos prejuicios y creen que el artista es un bohemio o que nunca sus pinturas serán apreciadas”, comenta.

Erly Almanza es la demostración de que vivir de la pintura no es una utopía. Luego de su exitosa participación en la Noche del Arte, fue protagonista de un programa completo de Detrás del arte, que se trasmite en TV Perú a nivel nacional. Y los pedidos de más y más cuadros llegaron como colores luminosos a su vida.

En estos días alista su participación en una feria de arte que será en setiembre en Washington – Estados Unidos.

“Lluvia en la parada”, obra de Almanza.

MOTIVOS

En la búsqueda de un sello personal para sus pinturas, Erly Almanza apeló a las imágenes que observó y vivió en Ayaviri. Todo surgió de manera casual, siempre visita ese pueblo altiplánico donde nacieron sus padres y trabajan hasta hoy.

Más allá del paisaje, lo que le interesó fue la gente. Cómo viven, cómo se manifiestan, sus costumbres, sus rutinas.

Las pintó rodeadas de un inmenso espacio en blanco. No un cielo blanco, solo un espacio en blanco que puede ser todo y nada. “Puedes imaginarte cualquier cosa ahí, pero estéticamente te fijas más en la persona”, explica. Si alguien quiere encasillarlo en un estilo pictórico, se puede decir que su obra es costumbrista y minimalista.

Almanza Torres reconoce su admiración por maestros del costumbrismo como José Sabogal y Pancho Fierro. También absorbió mucho de sus lecturas de la obra de José María Arguedas.

“Karati”, personaje de cómic.

CÓMICS

Si como pintor ya se abrió un camino importante en el país, con los cómics dio el salto al  mercado internacional. Hace unos años una editorial de Nueva York compró los derechos del cómic “Ayar, la leyenda de los Inkas” que Erly Almanza creó junto a sus socios y amigos de Tawa Producciones.

El cómic trata sobre la leyenda de los hermanos Ayar y tiene siete capítulos. Desde que lo idearon siempre tuvieron el anhelo de que algún día esa historia sea llevada al cine y el Perú pueda tener sus propios superhéroes. Almanza Torres dice que no han olvidado ese sueño y siguen tocando puertas de productoras internacionales para ver si alguna se anima a cumplirlo. El trabajo que hace con los cómics es totalmente distinto al de su pintura. A los personajes de Ayar los hizo digitalmente, usando programas de computación. En este arte no hay pinceles, sino píxeles. Cuando era universitario decía que jamás usaría lo digital para hacer arte, pero el proyecto de los cómics lo convenció de que la tecnología también es una herramienta para crear y hay que aprender a dominarla.

Tawa Producciones ahora se dedica a prestar servicios de contenido gráfico. En estos días trabajan en una serie de cómics para una empresa canadiense que cuenta la historia de sus pueblos nativos.

Por ese contrato en el extranjero, el año pasado, el Ministerio de Comercio Exterior y Turismo les otorgó el premio de Innovación Empresarial.

HUMEDAD

Erly Almanza decidió irse a radicar a Lima. Montó su taller en Barranco muy cerca al mar, pero tuvo que volver porque la humedad limeña, triste y cruel, le hizo recrudecer un cuadro de asma que tuvo de niño. Decidió regresar a la sequedad y brillo solar arequipeño. “En realidad voy y vengo según las actividades que haya, pero no puedo quedarme a vivir en Lima por mi salud”, dice.

Ha cumplido veintinueve años y su obra habla de él en exceso. Lo que siempre tiene en cuenta es que como en el arte no hay nada preestablecido, puede que un día tenga éxito y otro desaparezca del mapa. El reto es que su pintura lo convierta en un artista eterno.

  • Un texto de Jorge Turpo Rivas

Agregue un comentario

Su dirección de correo no se hará público. Los campos requeridos están marcados *