Crónica

Eloy Zamalloa, el elegido

El ex dirigente aprista que ahora preside la Corte Superior de Justicia de Arequipa.

Por Enrique Zavala

La muchacha entró al despacho y le dijo: “Usted va ser elegido”. Eloy Zamalloa Campero sonrío y horas después era efectivamente elegido presidente de la Corte de Justicia. ¿Por qué esa mujer se lo había dicho con tanta certeza? ¿Era una coincidencia? Después de todo durante varios días muchas personas le habían augurado el triunfo ante los otros tres jueces superiores que habían lanzado públicamente su intención de dirigir al Poder Judicial de Arequipa. Pero ella, cuando lo auguró, estaba totalmente convencida.

Esa mañana la muchacha que trabaja en la Corte llegó con la intención de buscar al juez y decírselo. Lo hizo. Su madre se lo había anunciado esa mañana calurosa del primer día de diciembre de 2016, basada en el santoral católico. Era el día de san Eloy, un orfebre francés que con el oro que le dio un rey para que le hiciera un trono le hizo dos, y cuyo nombre significa “el elegido”. Zamalloa no le dio mucha importancia y fue a la Sala Plena.

Años antes, y no por elección sino por convicción, fue uno de los opositores al gobierno de Fujimori. Cuando eran pocos los que hablaban en contra del gobernante y del jefe de sus servicios secretos, Vladimiro Montesinos, él fue una voz constante de denuncia como secretario general del Apra en Arequipa.

Entonces era un abogado independiente con una pequeña oficina frente a la Plaza España, donde queda la Corte de Justicia.

La soleada mañana del 1 de diciembre de 2016 el cónclave debía ser de treinta jueces superiores colocados a partir de la cabecera uno frente otro. Zamalloa, con sus casi cuatro años de juez superior estaba en el otro extremo, junto al grupo de “pulpines” que se reducía a media docena de jueces cincuentones con nombramientos recientes. Cerca de allí debería estar también sentado Johnny Cáceres, parecido en edad pero con más antigüedad que ellos. Pero ese día presidía la mesa. Dos años antes él había ganado las votaciones para presidente de la Corte.

Faltaba un juez, Ramiro Bustamante, ausente por licencia, lo que dejaba 29 votos. No hay postulaciones formales. En realidad los treinta jueces superiores son candidatos. Un papel se entrega con la lista de los treinta y uno marca el que le gusta. La primera votación le dio nueve preferencias, eran con las que contaba y ahora le daban el paso a la segunda vuelta empatado con Fernán Fernández. Parte del anuncio de la mañana se estaba cumpliendo.

Corte Superior de Justicia de Arequipa.

Zamalloa no sólo fue la voz del Apra contra el fujimontesinismo, fue parte de una coalición democrática para luchar contra el autoritarismo del fujimorato que caminaba rápidamente a convertirse en una dictadura. Junto a Elard Barrionuevo, un ex diputado de la Izquierda Unida, planearon una resistencia ciudadana que dio paso al Frente Amplio Cívico Arequipa (FACA) un puñado de diferentes tendencias políticas que se convirtió en la piedra en el zapato en el sur de un régimen corrupto que buscaba perpetuarse.

En su casa, Zamalloa aprendió desde chico los conceptos de libertad, justicia e igualdad. Su padre, un odontólogo aprista formado en San Marcos, pero cusqueño de nacimiento se lo había inculcado y lo había practicado cuando fue alcalde de la provincia de la Convención en 1987, cuando Sendero Luminoso mataba autoridades políticas. Su madre fundó en ese tiempo más de 100 clubes de madres, en un acto organizativo político más que de “proyección social”.

La política está inscrita desde el árbol genealógico y no solo por la rama paterna. Uno de sus bisabuelos fue el vigésimo segundo presidente de Bolivia, Narciso Campero, héroe de la Guerra del Pacífico, que peleó en la Batalla de Alto de la Alianza.

Algo, sin embargo, ocurrió ya en las postrimerías del gobierno de Fujimori. Tomó la decisión de ser juez, algo que lo obligaría a alejarse de la política partidaria. Dos años y medio de estudios en la Academia Nacional de la Magistratura y un concurso permitieron su nombramiento de juez el 23 de mayo de 2002, durante el gobierno de Toledo.

Desde entonces tuvo un perfil bajo hasta que dos años después fue noticia a nivel nacional e internacional cuando dictó una medida cautelar que en la práctica inhabilitaba a la aerolínea LAN Perú, filial de LAN Chile, para operar en el país porque en su opinión habían indicios suficientes de que el 100% de las acciones eran chilenas cuando la ley peruana establecía que un extranjero sólo podía tener hasta el 30% del accionariado de una línea aérea nacional.

La Copa América se iba a jugar en el país y hubo muchos lobbies para silenciarlos. Un experto en aeronavegación comercial, Julián Palacín, fue uno de sus principales detractores. Para Palacín, como para el gobierno de Toledo y para el gran empresariado, Zamalloa era en ese momento un troglodita que amenazaba la libertad de empresa, la economía nacional y el estado de derecho. Años después Palacín cambió su concepto y hasta le puso “Al valiente juez” en la dedicatoria de su libro “Línea aérea de bandera”.

En el 2004 todos pensaban que Zamalloa hacía política. En realidad ahora la va a hacer cuando asuma la presidencia de la Corte. La ley le prohíbe pertenecer a un partido político, pero concibe la política como el arte del gobierno. En la elección de presidente de Corte consiguió los sólidos 9 votos que lo llevaron a la segunda vuelta y luego siete más con los que ganó el puesto.

En los días previos había hecho una campaña y junto a los demás presentó su programa de trabajo para la Corte, pero considera que el programa sólo es el 10% de un gobierno, el 40% es la capacidad de gestión y un 50% inspiración. Para él la mitad del éxito se dará por su iniciativa.

Profundizar el uso de tecnología en la administración de justicia y acabar con el retraso judicial es parte de su promesa de campaña, pero tal vez su mayor reto es alejar los temores de una apristización de la gestión, algo que si bien como buen político “descarta”, es para muchos algo que puede darse.

Zamalloa no es un novato ni en la política ni en la magistratura. Tiene casi 14 años en el Poder Judicial y ha pasado por todas las especialidades: civil, laboral, penal, familia, tanto en juzgados como en salas y conoce los problemas que hay en ellas. Dictó en Camaná su primera sentencia de cárcel: diez años a un profesor por tocamientos indebidos a una pequeña. No durmió esa noche, no porque tuviera dudas sobre su culpabilidad, sino porque “nunca es fácil quitarle la libertad a nadie”, dice.

Es considerado un juez estudioso y académico, tiene una maestría en derecho constitucional, otra en civil y también un doctorado, todos en la Universidad Nacional de San Agustín. Y ha escrito dos libros, uno sobre el amparo y otro sobre derecho procesal constitucional.

No es arequipeño de nacimiento pero sí de sentimiento. Nació de casualidad en Nazca y recién conoció esa ciudad hace un par de años. Pero para seguir en el camino de los nombres y números de buen augurio, nació un 15 de agosto, el día de Arequipa, y la corte que preside subió el número de sus miembros a 33.

Ser presidente de la Corte de Justicia no es algo muy popular, en realidad el Poder Judicial es como un hospital, nadie quiere ir, pero son muchos los que llegan y no precisamente para tener una bonita experiencia. Tal vez lo que puede ayudar a este político convertido a juez es un concepto de justicia que ha hecho suyo: “No todo lo justo es legal, ni todo lo legal es justo, y entre lo legal y lo justo, busca siempre lo justo”. Hacerlo será mejor que ser elegido y aún mejor que hacer dos tronos de oro con lo que le dieron para uno.

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