Crónica

La heroína de la lluvia

En la vida real, los golpes que se dan los héroes de carne y hueso no se curan tan rápido. A Milagros Puma Córdoba le duraron más de dos años. Salvó la vida a dos personas pero cambió la suya para siempre. Se fracturó la cadera, se rompió dos costillas, dañó su columna vertebral, sus nervios y afrontó el lento proceso depresivo que provoca no poder depender de uno mismo.

Ocurrió en el aluvión del 8 de febrero de 2013. La torrentera de la avenida Venezuela ingresó y arrasó con todo a su paso. Milagros Puma vio que una camioneta era arrastrada por el agua con dos personas  dentro. Otras dos pedían auxilio a pocos metros.

Decidió ayudar. Cogió un aro de llanta de bicicleta, le amarró una soga y la lanzó al cauce de la torrentera para rescatar a dos personas. Cuando iba a sacar del agua a la tercera, un poste de concreto le cayó encima.

El golpe fue seco. Destructivo. Su madre se desmayó al verla. Estaba bañada en su propia sangre. La dieron por muerta. La colocaron en una vereda cercana y la taparon con papel periódico.

De pronto, alguien notó que movió un brazo y gritó ¡Está viva! ¡Está viva!

Esa tarde murieron cinco personas arrastradas por el aluvión. Habrían sido siete si Milagros Puma no actuaba como una heroína. Una heroína de la lluvia.

Milagros se recuperó lentamente de sus lesiones.

Tenía dieciocho años y su  vida cambió radicalmente. Pasó algunos días en un hospital de Arequipa antes de que el ex congresista Gustavo Rondón gestione su traslado a Lima para que la operen en el hospital Arzobispo Loayza.

La intervención quirúrgica a su columna vertebral fue exitosa, pero el proceso de  rehabilitación fue largo y doloroso. Ocho meses después de la tragedia, la periodista Cecilia Mendoza la buscó en su casa y la encontró postrada en cama.

Solo podía movilizarse con ayuda de un andador. Seguía deprimida y, sobre todo, decepcionada de las autoridades que le ofrecieron apoyo y jamás cumplieron.

“Señorita, yo tengo siete vidas,  son varios accidentes de los que me he salvado”, le dijo.

Tiempo después, el periodista Walter Castillo la buscó en su casa y la encontró deprimida y padeciendo las secuelas de los daños sufridos. Seguía dependiendo de un andador.

“Yo no lo hice (salvar vidas) buscando una recompensa. No lo hice por una medalla o por otras razones, simplemente lo hice de corazón, y si volviera a ocurrir lo volvería a hacer”, le dijo.

Cinco años después de la tragedia, pocos o nadie se acuerdan de Milagros Puma. En las fotografías de su cuenta de Facebook se le ve recuperada. Sonríe junto a sus compañeras con las que estudió cosmetología.

La heroína de la lluvia se recupera con el  apoyo de su familia, amigos y su fuerza de voluntad. Ahora que las lluvias asoman, el recuerdo de Milagros Puma es inevitable.

Fotos: El Pueblo / La República

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