Cultura

La voz interior de Elena de la Fuente

Primer acto

En una mañana calurosa de Arequipa, Elena de la Fuente resulta una aparición fresca y sonriente. Un buen clima que ella extiende por los escenarios y en todas las actividades en las que se involucra. Hace unos meses estaba en Los Ángeles abriéndose camino haciendo coaching y dando clases privadas de voz a actores.

Alquilaba un departamento en Hollywood hasta que un día recibió una llamada que le cambió el escenario. Jimena Rodríguez, una amiga de Arequipa, quien había asumido la coordinación del Conservatorio de Artes Escénicas de la Universidad La Salle, le dijo que era un buen momento para volver y le propuso venir a enseñar.

Se abrió ante ella un destino manifiesto que la empujaba a descubrir todo lo que puede ser capaz de hacer.

Cuando su madre regresaba a casa la encontraba maquillada y vestida como una artista.

Elena de la Fuente tenía ocho años y jugaba frente al espejo a ser actriz, cantante o conductora de un programa de televisión. «Mi madre estudiaba Medicina, volvía cansada de la universidad y me encontraba toda maquillada y con su ropa», recuerda. En el colegio era la primera en apuntarse en la lista para actuar, cantar, declamar o bailar. Sus padres –ambos médicos– calmaban la hiperactividad de su hija matriculándola en todos los talleres posibles.

Tomó clases de pintura, canto, piano y actuación. También procuraron que aprenda varios idiomas. Ahora Elena habla portugués, francés, inglés y un poco quechua. La actriz políglota tenía claro lo que quería hacer apenas terminó el colegio a los dieciséis años: irse a Lima o París a estudiar actuación.

Sus padres le hicieron entender que era muy joven para emprender una aventura solitaria tan lejos de casa.

Como una corroboración de su vocación ingresó a la Escuela de Artes de la Unsa.

Estudió música dos años. Ella tocaba mandolina en el colegio, pero en la universidad no enseñaban ese instrumento.

Una tarde, en la casa de su abuela, encontró un charango y lo llevó a sus clases para aprender a dominarlo.

Apenas cumplió la mayoría de edad se fue a Lima a estudiar arte escénico en la Pontificia Universidad Católica del Perú (Pucp). Su rebeldía –dice– fue dedicar- se a estudiar con todas sus energías los cuatro años que duró la carrera, mientras algunos de sus compañeros gastaban su tiempo en la bohemia y experimentando nuevas emociones. Elena de la Fuente se graduó en el primer puesto de su promoción.

 

Segundo acto

Durante sus prácticas, antes de graduarse, en el taller del maestro de mimo Luis Kanashiro, descubrió su interés por la docencia. Kanashiro le permitió que enseñe ejercicios de calentamiento y dicte algunas clases a sus alumnos. Elena quedó enganchada. Le gustó esa aproximación a los alumnos para compartir lo que sabía.

«Me emociona ayudar a los actores a descubrir su propia confianza para manifestarse», dice.

Su próximo paso fue iniciar una segunda especialización en Educación en la Pucp. Al mismo tiempo, como había sido la primera de su promoción, le dieron una beca para el taller que dictó en Lima Benjamin Mathes, director del estudio de actuación CRASH Acting de Los Ángeles y fundador de Urban Confessional, un proyecto donde los actores salen a las calles a escuchar a la gente y entrenan su sentido auditivo.

De allí surgió su primer viaje a Estados Unidos. Se fue a estudiar unos meses con Mathes a Los Ángeles.

En aquella ciudad se enteró del entrenamiento vocal Fitzmaurice Voicework® y decidió aprenderlo.

«Pasamos todo el día cohibiendo sonidos, como el sonido del bostezo que es tan natural, tan orgánico. Con el entrenamiento vocal de Fitzmaurice –explica Elena– se logra relajación y que los actores dejen que su verdad aparezca». Lo creó Catherine Fitzmaurice, una actriz hindú que combinó la bioenergética con la formación clásica de la voz. Ahora se enseña en más de cien universidades de todo el mundo. Elena de la Fuente logró la certificación para enseñar esa técnica.

Meses después, Micha Espinosa, su maestra de Fitzmaurice en Los Ángeles, la invitó a la Universidad de Arizona a seguir aprendiendo y para actuar en una obra que montaron en la ciudad de Tempe.

Elena logró el sueño de muchas actrices, pero su búsqueda iba más allá. De regreso a Lima estudió coaching profesional en Newfield Network – USA.

Llegó a ser maestra de esa institución que tiene más de diez sedes en el mundo. La actriz, educadora, políglota, maestra de Fitzmaurice y coach, tiene muchos retos pendientes.

 

Intermedio

– ¿En tu familia hay registro de algún pariente que se haya dedicado al arte?

– No, prácticamente soy la iniciadora.

– ¿Cuál fue la reacción de tus padres cuando les dijiste que serías actriz?

– Creo que no les quedó de otra. Estaba segura de lo que quería. Además siempre vieron que estuve pegada al arte.

– Pero siempre está el prejuicio de que quien se dedica al arte se muere de hambre.

– Sí. Hasta ahora mi abuela, a pesar de que tengo dos carreras y dos especialidades, siempre me dice: no quieres estudiar una carrera, hijita. Es que no se conocen todas las áreas en las que te puedes desarrollar a partir de las habilidades teatrales.

 

Tercer acto

Volver. Decidir. Regresar. Luego de recibir la llamada de su amiga Jimena que la invitaba a enseñar en la U. La Salle, Elena de la Fuente recibió otro empujón que la llevó a tomar la decisión de regresar a su ciudad. El dramaturgo Daniel Amaru le dijo que haría una obra teatral en Arequipa y que necesitaba un codirector. Le contó que varias personas le habían recomendado que se lo proponga a ella. «Me sentí halagada y emocionada – dice Elena–. La decisión de volver fue muy difícil, pero había que tomarla». En el tiempo que estuvo  lejos aprendió a valorar la calma, el silencio, la amistad y la familia. Algo que solo encuentra en Arequipa.

Entendió que el mismo trabajo que pensaba hacer en Los Ángeles o en Arizona, lo podía hacer en su ciudad. «El mundo está ahí para ir a visitarlo siempre. Yo quiero que Arequipa sea mi centro de operaciones», afirma.

A su retorno encontró que el proyecto de la U. La Salle estaba en pleno crecimiento y el mundo del teatro arequipeño en expansión.

«Creo –dice Elena– que es necesario que haya profesionales que quieran dar el siguiente paso en Arequipa». Ese siguiente paso es alcanzar una mejor calidad en las obras que se ponen en escena, se trabaje en conjunto y Arequipa sea un referente del teatro en el país.

«Todavía falta que el público vaya a ver más teatro y que los grupos teatrales trabajen en conjunto.

El teatro es una comunidad –destaca Elena–. No podemos estar jalando cada uno para su lado».

Elena se siente más conectada con sus emociones en Arequipa. Pudo quedarse en Lima, en Los Ángeles o Arizona, pero eligió su ciudad para compartir lo aprendido.

«Hay que priorizar –dice– lo que te hace sentir más humana, más conectada con tus emociones y con tus propósitos para poder servir». Elena de la Fuentetrajo un nuevo clima –fresco y sonriente– al teatro arequipeño.

  • Un texto de Jorge Turpo Rivas

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