Opinión

Los perros no tienen siete vidas

No he vuelto a tener una mascota desde que una camioneta blanca atropelló a Starski y Hutch, mis dos pequeños perros de raza indescifrable.

Starski murió en el acto. Hutch sobrevivió, pero perdió la visión y falleció meses después.

A mi hermano Marco se le ocurrió esos nombres. Ambos éramos fanáticos de la serie policial con Paul Michael Glaser y David Soul. Daba la coincidencia de que uno tenía el pelaje negro y el otro amarillo, justo como el moreno detective David Starsky y el rubio Kenneth Hutchinson (Hutch).

Cuando regresaba del colegio, Starski olfateaba mi mochila como si en ella cargara buenas noticias y algo de comida. Era avezado y decidido. Hutch era tímido.

A Starski lo perdimos en la plenitud de su vida, apenas trece meses. Juguetón e impredecible, una mañana de agosto salió como una bala cuando abrí la puerta de casa. Hutch lo siguió como yendo a cubrirle las espaldas. La camioneta asesina apareció y solo escuché dos golpes secos. Luego unos leves aullidos. Finalmente un silencio irrepetible.

Vi a Starski volar unos metros y a Hutch aparecer detrás de la camioneta. El criminal ni se detuvo. Perdí la ternura animal que tiene todo ser humano.

Eran finales de los ochenta y matar un par de perros era cosa menuda cuando la gente se preocupaba más en conseguir un kilo de arroz o un litro de kerosene después de hacer largas colas. Nos gobernaba un caballo loco.

La protección a los animales en el Perú es reciente.

En los días alegres de Starski y Hutch era ciencia ficción pensar que en Arequipa haya hospitales para mascotas, hoteles para mascotas, salones de belleza para mascotas, bufetes para mascotas y hasta consultorios veterinarios a domicilio como los hay ahora.

No voy a entrar en la discusión sobre si las mascotas tienen o no derechos. Fernando Savater afirma que derechos solo pueden tener las personas porque es algo que nos concedemos unos humanos a otros.

Un pacto de nuestra especie. Lo que nadie duda es que nosotros tenemos deberes para con los animales.

El escritor Javier Marías es más tajante y dice que los derechos de los animales es un despropósito.

«Con frecuencia  -apuntó- son sus propietarios quienes quieren para sí una especie de privilegio añadido».

Los perros tienen una estructura familiar como la nuestra. Por eso se adaptan a las familias que los acogen. Es la estructura donde hay una pareja alfa como papá y mamá, y hermanos.

A Starski y Hutch les di una atención austera, pero jamás pasaron hambre ni les faltó abrigo ni cariño.

Tampoco los tuve prisioneros en un departamento o en una azotea. Jugabam y ensuciaban a sus anchas en los rincones del patio de la casa de mis padres. Los fines de semana los sacaba a pasear a las chacras de Cerro Juli para que conozcan la felicidad de ser libres.

Y como solo me gustan los perros como mascotas, desde que murieron Starski y Hutch no volví a tener ninguna. Es como prevenir el sufrimiento que me provocaría una nueva pérdida.

Quizás compre o adopte una en mi vejez, cuando sepa que moriré primero.

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